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Opinión
Antonio Coscollar Santaliestra

15/10/2018

Con Sender en el camino

Según Ramón J. Sender, no pasamos de aficionados: la vida es tan corta que no da para más, excepto para los héroes, los santos y los guerreros. Creía Sender que cuantos más años cumplimos, antes nos damos cuenta de que la misión de una buena persona, incluso de un político (porque ambas cosas pueden darse en un mismo espíritu), esa misión, decía, es cumplir con nuestro deber, que es hacer bien nuestro trabajo y no traicionar la palabra dada. Dudaba de que hubiera otro quehacer que tuviera mayor importancia.

Don Ramón, a medida que envejecía descubrió muchas aficiones que absorbían su interés, las adoptaba y después las abandonaba, como el río abandona lo que arrastra en la crecida para olvidarlo en la orilla. Desprenderse de algo no es el problema: lo difícil, lo heroico es desprenderse de un sueño. Por eso don Ramón no dejó jamás de escribir. La escritura era su manera de responder a la pregunta que todos nos hacemos alguna vez: ¿Qué objetivo tiene mi vida, cuál es su sentido? Quien escribe estas líneas también envejece y se hace las preguntas que se hacía Sender, pero no abandona las pequeñas mediocridades que le asaltan cada día.

Otro escritor, Douglas Adams, deseando encontrar el sentido de la vida escribió una novela, Guía del autoestopista galáctico. En su relato, una raza de seres, cansados de discutir sobre este asunto, decidió construir un superordenador para encontrar la respuesta. A ese ordenador lo llamaron Pensamiento profundo. ¿Que cuánto tiempo tardó en encontrarla? Nada menos que siete millones y medio de años. Finalmente, la respuesta fue esta: Cuarenta y dos.

¿Se equivocó el ordenador? Si don Ramón se despertara de su eterno letargo diría que no, que Pensamiento profundo no se equivocó. Resulta que los creadores del ordenador hicieron una pregunta sobre el universo y sobre la vida y, sobre todo, sin pararse a pensar si conocían el significado de la pregunta. Y ahora, cuando obtienen la respuesta, resulta que no la entienden, porque no saben a qué pregunta corresponde.

Estoy seguro de que Ramón J. Sender halló por fin su respuesta; por eso sonríe y señala su obra, para que nos deleitemos con ella mientras hacemos el camino de la vida y le encontramos la gracia.

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