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Opinión

2/10/2020

"Este curso tenemos que trabajar con la voz, los gestos y la mirada"

Amparo Escamilla González
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Amparo Escamilla, directora de Innovación del Liceo Europa, acaba de publicar Inteligencias múltiples en la práctica. Nuevas estrategias y nuevas herramientas (Editorial Graó), un libro en el que revisa y actualiza el enfoque de las inteligencias múltiples a partir de sus experiencias en las Escuelas Alaria de Madrid y en el Centro Inglés del Puerto de Santa María (Cádiz). Escamilla anima a los docentes a reflexionar sobre sus posibilidades y a aprovechar todos sus conocimientos para convertir este inicio de curso tan raro y tan atípico en una oportunidad para el aprendizaje.

¿Cómo puede el profesorado afrontar este inicio de curso marcado por la incertidumbre y por las medidas de seguridad?
Este comienzo de curso es difícil y ahora mismo lo que más importa al profesorado, a las direcciones de los centros y a las familias es la salud física. De ahí que los protocolos se estén llevando de una manera tan responsable, comprometida y tan implicada. Este es el primer paso. A continuación sabemos que debemos avanzar con aquello que tenemos. Lo primero que tenemos que analizar son nuestras emociones, las de los niños, de las familias y del entorno que nos rodea. Observamos por todas partes inquietud, temor y una cierta desesperanza. Tenemos que tomar conciencia de todo ello y gestionarlo para que esta situación no nos convierta en seres frágiles y vulnerables. Primero analizamos con ciencia emocional y situacional dónde estamos, qué estamos viviendo, cómo nos afecta… A partir de ahí, qué respuesta podemos tener, cómo podemos llegar a vencer ese miedo, con actitudes de cuidado, de respeto, de prevención…

¿Algún ejemplo práctico para los profesores?
Podemos leer una noticia, ver cómo nos está afectando, qué inseguridad nos traslada a nosotros mismos… Ante eso podemos buscar distintos tipos de reactivos, por ejemplo, historias y cuentos. Trabajamos con un cuento oriental tradicional donde aparece el roble, un árbol que está en el jardín y que mira al resto: uno da peras, otro manzanas y el pobre roble no da nada. El búho, el animal que representa la sabiduría, le hace mirar en su interior: “No te esfuerces en dar frutos, mira cuáles son tus cualidades y vamos a explotarlas; eres importantísimo para dar sombra, para dar cobijo, para crear amigos entre tus ramas…”. A partir de ahí, vamos aplicando distintas técnicas con las que los niños analizan cómo son, qué les gusta, qué les interesa, qué se les da bien o mal, cómo pueden salir de esto… Se hacen sus propios autorretratos descriptivos, y al mismo tiempo lo trasladamos a sus compañeros: cómo son los que tienes a tu alrededor, cómo puedes tener relación con ellos, como puedes ayudarlos…

¿Es más complicado transmitir emociones con la distancia social?
Vamos a analizar los aspectos comunicativos de esta situación, bien cuando nuestra Educación va a ser online o cuando está siendo presencial. Es uno de los primeros hándicaps, porque hemos tenido una enseñanza basada en la proximidad y en el contacto. Nos abrazamos, nos besamos, nos tocamos continuamente y ahora eso lo tenemos que frenar. Pero hay otras vías comunicativas. El profesorado, que además en general utiliza muy bien la voz, tiene que reflexionar sobre sus propias posibilidades. No podemos dar besos, pero la voz se puede volver más cálida; con la voz podemos jugar para estimular y mantener más la atención, para potenciar en un momento determinado la dinamicidad… Y lo mismo nos ocurre con el gesto corporal: cómo podemos crear esos movimientos que van indicando cómo somos, cómo podemos dar cobijo a otros, cómo podemos fortalecernos, cómo podemos acercarnos mentalmente, cómo podemos vincularnos con los demás… Por tanto, tenemos que trabajar con los gestos, los sonidos y la mirada, que son elementos que el profesorado ya conoce, pero tiene que reflexionar sobre ellos para enriquecerlos y expandirlos, y al mismo tiempo transmitirlos a los niños.

Esto implica un desarrollo del resto de los sentidos.
Debe darse cuenta de que los alumnos en clase ya no le ven la boca. ¿Cómo podemos sonreír con la voz? ¿Cómo podemos buscar palabras que impliquen sonrisa, alegría, confianza y cooperación? ¿Qué tipo de gestos, aunque sean en la distancia, podemos emplear para generar acercamiento?

¿Cómo pueden controlar las situaciones de ansiedad?
Frente a la ansiedad, podemos emplear distintos tipos de respuestas: unas de carácter fisiológico, y las podemos trabajar con ejercicios de inspiración y espiración o con actividades de visualización. Para esto ya muchos centros están trabajando con mindfulness o con prácticas de relajación de Jacobson. Sin embargo, la ansiedad también repercute directamente en la pérdida de atención, que se ve agravada por el uso excesivo de las pantallas. Por eso son muy importantes las prácticas que desarrollen la atención, tanto en las situaciones presenciales como si en algún momento tenemos que volver al confinamiento.

¿Qué tipo de prácticas?
Hay muchísimos juegos y cuentos guiados con preguntas que les ayudan a mantener la atención. Existen también ejercicios de análisis comparativo: yo muestro un contenido y pido de antemano que se fijen muy bien porque después les voy a preguntar sobre semejanzas o diferencias. Incluso hay un tipo de práctica que va muy bien, que supone trasladarles la responsabilidad. Hacemos una lectura y los propios alumnos van a tener que plantear una serie de preguntas a sus compañeros. Eso hace que se sientan mucho más implicados y que ellos mismos vayan concentrando la atención.

Fuente: Magisterio

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* Directora de innovación del Liceo Europa de Zaragoza

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